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CON
UNA LEY EN LA MANO PARA COMBATIR GENOCIDIOS
J.G. Tokatlian Fuente: Diario "Clarín" -
20/11/2006
En la Cámara de Diputados se debatirá esta
semana una norma clave para la defensa local
y global de los derechos humanos.
Juan Gabriel Tokatlian PROFESOR DE RELACIONES
INTERNACIONALES, UNIVERSIDAD DE SAN ANDRES.
Esta semana será trascendental
para la cuestión
de los derechos humanos y la lucha contra
los genocidios y genocidas en Argentina. La Cámara de Diputados
debatirá un proyecto de ley que declara
al 24 de abril "Día de acción
por la tolerancia y el respeto de los pueblos".
Esa
fecha conmemora el genocidio contra el pueblo armenio.
La iniciativa legislativa, impulsada
por un calidoscopio de diputados (Rafael Bielsa,
Frente para la Victoria-PJ; Hermes Binner, Partido
Socialista; Carlos Raimundi, ARI; Federico Storani,
UCR; y Federico Pinedo, PRO) busca erigir ese
día en el símbolo de la condena
a las prácticas genocidas y la protección
de los derechos de los pueblos.
El proyecto demuestra
un amplio respaldo multipartidario en torno a
la causa de los derechos humanos.
El tratamiento del tema será intenso
y difícil ya que la unanimidad
en este tipo de asuntos no se logra de manera
natural
ni sencilla. La vocación pluralista de
los legisladores que lo promueven y el compromiso
de los respectivos partidos con la defensa de
los principios humanitarios es esencial.
Sin embargo,
ello no significa que la ley vaya a tener un
fácil procedimiento. Hay que
asumir que lo que está en juego es de
enorme significación aunque el texto legislativo
en trámite sea escueto. Las potenciales
voces contra la ley no debieran ser desoídas:
habrá que ver —y escuchar— si
sus argumentos son de principio y sensibles al
derecho internacional o si obedecen a las exigencias
de particulares grupos de presión refractarios
al reconocimiento de la atrocidad del genocidio
en todo tiempo y lugar.
Habrá que ver —y escuchar— si
el eventual debate legislativo tiene características
parroquiales e ideológicas o se inserta
en las nuevas corrientes transnacionales y transversales
que, independiente del espectro político
que se ocupe, entienden que en esta hora hay
que multiplicar los esfuerzos mundiales contra
el olvido de los horrores del pasado y a favor
de la prevención de nuevos holocaustos.
Habrá que ver y escuchar si los legisladores
asimilan o desconocen la enorme sensibilidad
ciudadana contra nuestra violencia del pasado
y su rechazo a cualquier repetición futura.
Habrá que ver y escuchar si los legisladores
del partido de gobierno sintonizan, en conjunto,
con la estrategia de la Presidencia y de la Cancillería
argentinas que han colocado, una y otra vez,
en el centro de su acción interna e internacional
la cuestión de los derechos humanos. Habrá que
ver y escuchar si los partidos de la oposición,
que también han hecho aportes significativos
a los derechos humanos desde el regreso a la
democracia, asumen que esta ley es un punto de
encuentro en pro de la justicia, el respeto y
la convivencia.
Por todo lo anterior, la ley en
discusión
es de gran importancia. El país necesita
una controversia seria y rigurosa en la que el
resultado final sea un aporte para la
democracia argentina y signifique una manifiesta contribución
a la lucha global a favor de la paz. Como argentino
y descendiente de armenios reclamo una polémica
abierta y franca. Su aprobación transparente
y mayoritaria nos reconciliará a todos
los que hemos vivido y conocido el terror del
pasado distante y cercano; terrores emparentados
por el desprecio a la memoria de los pueblos
y la equivocada certeza de que las víctimas
nunca sean oídas; certeza que esta semana
debe quedar sepultada en Argentina.
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