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¿Y QUIEN RECUERDA AHORA?

Por Martín Lozada: Abogado. Observador de la Asociación Americana de Juristas para Oriente Medio.
Diario "Clarín"

Cuando Hitler ordenó avanzar sobre Polonia en 1939 y dispararle a todo cuanto se moviera, tuvo la osadía de preguntarse: "¿y quien recuerda ahora de la matanza de los armenios?". Se refería así al primer genocidio del siglo XX, mediante el cual fueron asesinadas alrededor de un millón de personas de aquella nacionalidad entre los años 1915 y 1916.

Sin embargo, son muchos lo que no han logrado olvidar jamás el dramático acontecimiento que inauguraba el siglo y que prefiguraba otros tantos genocidios que habrían de sucederle. Tan es así que casi 90 años después la memoria sigue viva entre nosotros, y por ella van los descendientes armenios, entre quienes se encuentra el escribano Gregorio Hairabedian, que inició una demanda que hoy tramita ante la Cámara Nacional en lo Criminal y Correccional Federal.

Su reclamo tiene como eje narrar el genocidio sufrido por el por armenio a manos de las autoridades turcas, centrando su pretensión en el hecho de esclarecer lo ocurrido con sus familiares, todos ellos por entonces exterminados, deportados o eliminados físicamente.

En ejercicio del derecho a la verdad sostiene estar frente a crímenes de lesa humanidad que resultan imprescriptibles, motivo por el cual el estado turco tiene la obligación de promover las investigaciones que conduzcan al esclarecimiento de los hechos, aún cuando los gobernantes actuales del mencionado país no sean los responsables personales ni directos del horror.

El historiador Eric Hobsbawn le da razón a Hairabedian y señala que se trató del primer intento moderno de eliminar a todo un pueblo. Y el prestigioso historiador británico Arnold Toynbee no se queda atrás: indicó que puede estimarse en 600.000 el número de sobrevivientes a fines de 1916, sobre una población estimada en 1. 800.000 en 1914.

También la subcomisión de lucha contra las medidas discriminatorias y protección a las minorías de la ONU informó en dos ocasiones sobre la situación armenia. Fue en 1973 y 1975, cuando afirmó que "se puede señalar la existencia de una documentación suficientemente abundante en relación con la masacre de los armenios que ha sido considerada como el primer genocidio del siglo XX".

La presencia del pueblo armenio en la Anatolia Oriental y el Cáucaso está probada a partir del siglo VI antes de Cristo. Durante dos milenios conoció períodos de independencia y de vasallaje. Al adoptar el cristianismo como religión de Estado a principios del siglo IV y un alfabeto específico, que ya en esa época que le confirió identidad nacional, los armenios fueron frecuentemente perseguidos debido a su fe por diversos invasores o conquistadores. Si bien actuaban una situación geográfica particularmente vulnerable como policía estratégica, hasta la Primera Guerra Mundial pudieron crear y preservar su idioma, una cultura, una religión, en resumen, una identidad, en sus territorios históricos que los mismos turcos designaron con el nombre de Ermenistan.

En método desplegado para la consumación de la masacre de 1915/1916 fue inaugurado con la evacuación de las ciudades y el trazado de un itinerario a seguir por la columnas de deportados, todo bajo un comando centralizado que controlaba desarrollo del programa.

La orden de deportación se anunciaba en cada ciudad o población. Las familias disponían de dos días para reunir algunos efectos personales. Eran desapoderadas de sus bienes o los vendías precipitadamente.

Previamente, se detenía a los notables, los miembros de la partidos armenios, los sacerdotes y los jóvenes; se les obligaba afirmar confesiones falsas y luego se los ejecutaba directamente en pequeños grupos.

Ahora bien, jamás gobierno o representante alguno del Estado turco ha reconocido los hechos he invariablemente se han negado a la investigación, no obstante los requerimientos que en tal sentido de han formulado, especial y persistentemente los armenios distintas partes del mundo.

La búsqueda de la verdad frente a un genocidio reiteradamente negado nos remite a la cuestión: ¿Qué significa ser el sobreviviente de un genocidio, cómo no morir de la herencia del genocidio? La psicóloga argentina María Teresa Poysazian reflexiona sobre la circustancias que ese no reconocimiento tiene para la sobrevivientes y su descendencia.

Destaca que un genocidio de estas características conlleva, además del asesinato masivo de las personas, un asesinato de lo simbólico y de su transmisión a los descendientes. Es decir, un asesinato sin fin, prolongado en el tiempo y que permite mantener el efecto imaginario de omnipotencia del exterminador, a la vez que aplastar todo semblante de la víctima.

Esta claro que el valor de juicios por la verdad transcurre en un plano plagado de referencias simbólicas, es tarea sigue en manos de los deudos del genocidio armenio. La demanda del escribano Gregorio Hairabedian así lo prueba.

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Recibido del autor, dos de junio de 2003.

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