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¿ES
POSIBLE GLOBALIZAR LA JUSTICIA?
J.G. Tokatlian Fuente: Diario "Clarín"
El terna de la justicia universal está
hoy en el centro del debate internacional y nacional.
En el plano global, la entrada en vigencia de
la Corte Penal Internacional (CPI); la creciente
preocupación por la condición humanitaria
de los civiles en Irak (los ataques de EE.UU.
produjeron más de 10.000 muertes entre
la población desarmada y las condiciones
de vida en el país son deplorables); la
derogación después de fuertes presiones
estadounidenses por parte del primer ministro
de Bélgica, Guy Vershofstadt, de la Ley
(le Jurisdicción Universal de 1993 que
permitía el juzgamiento en cortes belgas
de genocidios y crímenes de lesa humanidad;
y las arbitrarias sanciones impuestas por Estados
Unidos contra 35 países que no lean firmado
acuerdos bilaterales para que sus funcionarios
y ciudadanos no sean acusados ante la CPI, han
generado una mayor atención mundial sobre
los derechos humanos, su defensa y vulneración.
En el plano local, la anulación, por parte
del Gobierno del presidente Néstor Kirchner
del decreto que impedía la extradición
de represores de la última dictadura militar
y la reapertura de la polémica en torno
a las leyes de Punto Final y Obediencia Debida
marcan la reintroducción del tema de los
derechos humanos en la agenda política
y jurídica interna.
Estos hechos han motivado en Argentina la discusión
sobre el alcance de la globalización de
la justicia y sobre la naturaleza de la redefinición
de la soberanía.
Pero esta interesante controversia doméstica
se ha efectuado como si la justicia nacional fuera
parroquial, hermética y retrógrada.
Sin embargo, la Justicia argentina ya está
internacionalizada. Un caso muy reciente y afectivamente
cercano corrobora esta aserción.
Dos días antes del final del siglo XX,
el 29 de diciembre de 2000, un descendiente
de armenios nacido en Córdoba, Gregorio
Hairabedian, realizó una presentación
ante la Cámara Nacional en lo Criminal
y Correccional Federal.
La misma hacía referencia al genocidio
armenio a manos del Estado de Turquía acaecido
entre 1915 y 1923 y en el cual fueron aniquilados
1.500.000 armenios. Invocando el derecho a la
verdad y el derecho duelo, Hairabedian explicó
cómo 50 familiares directos fueron asesinados
por el Estado turco.
Reclamaba el esclarecimiento que debía
hacer Turquía de ese exterminio. Como es
un hecho evidente y reiterado el que el Estado
turco no asume su responsabilidad en el reconocimiento
del genocidio armenio, Hairabedian pide al Estado
argentino investigar y esclarecer los acontecimientos
denunciados.
Luego de una detallada exposición, insta
que el gobierno de Turquía informe sobre
lo ocurrido a sus familiares paternos y maternos,
facilite los archivos relativos a los sucesos
de 1915 23 y permita localizar los restos de sus
familiares, mientras solicita que Gran Bretaña,
Estados Unidos, Alemania, Francia, Bélgica,
Rusia, Grecia y al Vaticano remitan la información
disponible en sus archivos en torno al genocidio
armenio.
Tiempo después, en 2002, la Cámara
rechazó la presentación de Gregorio
Hairabedian, manifestando que Argentina carecía
de atribuciones para efectuar la indagación
requerida.
Hairabedian, con el patrocinio letrado de su hija
Luisa, de Carlos Andrada y otros jurisconsultos
impugnó la resolución. En esencia,
la impugnación apuntaba a señalar
que no existía una pretensión punitiva
en la causa iniciada, sino la justa búsqueda
de la verdad y del duelo necesario.
Finalmente, hace pocas serranas el juez Norberto
Oyarbide dictó una resolución favorable
a la presentación original de Hairabedian.
Con ello, ya se han emitido los respectivos exhortos
a los gobiernos antes mencionados para así
obtener los informes y documentos respectivos
a ese caso.
Este es un hecho trascendental para los descendientes
de armenios, para la Justicia argentina y para
la causa universal de los derechos humanos. La
multiplicación de presentaciones como las
de Hairabedian en el país, en la diáspora
armenia y en la República de Armenia permitiría
exigir la apertura de archivos y otras fuentes
documentales sobre lo que hace más de ocho
décadas constituyo en primer genocidio
del siglo XX.
La Justicia argentina reafirma con esa resolución
el legítimo derecho a la verdad en nuestro
país; en particular frente a los crímenes
atroces y de lesa humanidad. La comunidad internacional
añade mi acontecimiento extraordinario
a la larga lista de avances en materia de protección
de los derechos humanos y del derecho humanitario.
Este caso demuestra, asimismo, que las fronteras
para los genocidas no sólo ya se desmoronan
en el extranjero sino también y en especial
en Argentina. Nuestro país es también
escenario de una Justicia internacionalizada como
lo corrobora el ejemplo descrito: un argentino
de nacimiento reclama por sus antepasados de origen
armenio eliminados por un sistema de terror instaurado
por Turquía y que fue, en muchos casos,
minuciosamente recopilado por nacionales (alemanes,
rusos, estadounidenses, etc.) de otros países
que se encontraban en territorio turco.
La necesidad de la verdad y la realización
del duelo están entrelazadas por la persistencia
de la memoria; ésta sólo empieza
a convertirse en mi recuerdo tolerable y reparador
cuando los criminales reconocen, sinceramente,
sus actos atroces.
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